¿Es la vida un absurdo?
Practicamente todos los filósofos existencialistas así lo creen y personalmente
estoy de acuerdo con ellos. Los seres humanos somos literalmente arrojados a la
vida sin una explicación que satisfaga completamente las razones del estar
aquí. En los momentos en que paramos la frenética carrera diaria para
preguntarnos por el propósito de nuestras vidas o más aún cuando nos
encontramos a las postrimerías de la partida definitiva, esa angustia se hace
más latente. ¿Para que vivir? ¿que venimos a hacer en este tiempo en el que los
minutos y segundos se escapan en revés como un río surrealista hacia un espacio
insondablemente irrecuperable ?
No hay nada que hacer, sin
embargo también se puede hacer todo. Ante lo irreparable la decisión de vivir a
plenitud es posible a través de dar un sentido a nuestra existencia. Sísifo no
era más que un condenado, su condena era realizar la misma actividad tediosa,
esforzada y sin utilidad alguna todo el día, todos los días… Los dioses lo habían
condenado a realizar esta tortura rutinaria en castigo por lo que consideraron
“incorrecto”. Sísifo subía una pesada piedra a la cima de la montaña para luego
dejarla rodar y nuevamente subirla a la cima. Sin duda un desgaste no solo
físico sino emocional que podía llevar a cualquiera al borde de la locura. Pero
en un momento determinado nuestro personaje se “rebeló”. Su rebeldía no
consistió en escaparse, botar la piedra o algo por el estilo. De hecho no había
manera de escapar. Su rebeldía consistía en tomar conciencia de su situación y
darle un sentido. No podía cambiar lo de afuera pero si su sentir interno ante
la situación.
En nuestros días muchas personas viven o vivimos como Sísifo,
realizando tareas significativas a veces
y otras muchas realizando tareas rutinarias las cuales por la necesidad
principalmente económica no podemos dejar de hacer. La mayoría de la población
humana somos obreros que tenemos que trabajar para vivir y no son muchos los
casos en los que la gente hace lo que realmente quiere todo el tiempo. Termina siendo muy complicado cambiar el
sistema y no podemos confiarnos en que llegará una gran crisis que lo cambie.
Así que en el “aquí y ahora” podríamos tomar como ejemplo la “rebeldia” de
Sisifo, dando un sentido incluso a las actividades más absurdas que realicemos.
Una invitación a probarlo.
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